17 de Febrero
Debe ser el primer sábado que no salgo en años.
Antes todo era fiestas, todo eran amigos, todo era Andrés. Pero Andrés me dejó, y ya no sé salir, no sé tener amigos. De repente lo olvidé todo, me volví como una ameba tonta, que vaga por los lugares sin saber a dónde va.
Nerea dice que escribir diarios es de niñas pequeñas, de niñatas que no saben enfrentarse a sus problemas y se enfrascan en sus palabras. Pero ¿qué sabrá ella? Menuda infeliz, siempre me cayó mal. Aunque siempre hemos sido amigas. Pero a ella le gustaba Andrés. Se lo noté desde el primer día que supo que estabamos juntos. Me miraba con esos ojos, esos ojos llenos de envidia, y eso a mí me encantaba. ¿Qué hago escribiendo esto?
Me acaba de mandar un mensaje Raquel. Dice que necesito salir, que olvide a “ese subnormal”. Ese subnormal me dió la vida, me dió todo, y ahora me lo ha quitado. Me siento desnuda, y yo desnuda no salgo a la calle. Además no me apetece salir con éstas. Seguro que salen a ligar, y yo es lo que menos necesito. Seguro que Raquel se emborracha. Siempre se emborracha, y siempre soy yo la que tengo que acompañarla a su casa. Nunca entendí como la gente puede ser tan egoísta. Supongo que los tontos somos nosotras por consentirselo. Un día de estos la dejo tirada en un parque, y que se apañe ella solita. Que para follar ya es mayorcita, pero para beber sigue siendo una niña.
Mierda, ya estoy de mal humor. Mi madre me ha preguntado que qué hago en casa, que si no he quedado con Andrés. Casi me pongo a llorar ahí mismo, pero claro, ella no lo sabe. Creo que cuando se entere le mata. A mi madre siempre le gustó, siempre le invitaba a todo. Pobre, que mal lo pasaba cuando tenía que venir a alguna cena con mi familia. Se acabó el recordar, tengo que hacer borrón y cuenta nueva, y dejar de vivir en el pasado. Pero es que le echo tanto de menos. Seguro que sale hoy, se emborracha y se lía con cualquier golfa. Pero claro, él es libre, puede hacerlo.
Yo pensaba que era feliz conmigo, y la verdad todavía no me cuadran mucho sus razones. Aunque me prometí no pensar más en eso y admitirlo sin más, pero no me creí sus palabras. No me estaba contando la verdad. Simplemente me había dejado de querer. “Estas cosas pasan” me dijo, pero fuiste tú quien permitió que pasaran. Igual se enamoró de otra y no me lo ha dicho por no hacerme daño. Menuda tontería, como si al dejarme no me estuviera ya haciendo suficiente daño. El caso es que se ha ido, se esfumó de mi vida casi igual como apareció. Y ahora me quedo sola con mis recuerdos, con demasiado tiempo libre y demasiado tiempo para pensar en esos recuerdos. Pero por más que intento no consigo salir de esos recuerdos. Ni si quiera soy capaz de fijarme en nadie. Ayer en clase se acercó Alberto para pedirme si hoy podríamos ir a tomar algo. El caso es que Alberto siempre me había gustado. Pero sólo pude mirarle a los pies y decirle que no con la boca pequeña. Parecía un perro herido, y creo que él también se dió cuenta. De todas formas, ¿qué esperaba? Los hombres a veces me sorprenden por la forma en la que intentan sacar petróleo de los restos. No hace ni dos días que se enteró de lo que pasó con Andrés y ya me está pidiendo salir. Pues no es que se me hayan quedado muchas ganas de salir con nadie. Ahora lo único que me apetece es estar tumbada en mi cama. Voy a decirle a Raquel que otro día mejor. Estoy demasiado ocupada. Ocupada pensando en como dejar de pensar.
21 de Febrero
Hoy ha sido un gran día. Aunque en realidad no ha pasado nada especial. Después de clase fuimos Raquel y yo a tomar un café al Starbucks, que aunque te sacan un riñón por cada café, sólo por ver a los empleados merece la pena. Después de servirnos un morenazo simpatiquísimo, nos sentamos en un sillón de la parte de arriba y comenzamos a hablar de chorradas. Esto a Raquel se le da genial. Me estuvo contando con más detalles lo que me perdí el sábado, aunque está claro que exagera. Para Raquel todos los sábados son los mejores de su vida y luego se pone insoportable contandote lo bien que lo pasó. Yo creo que el alcohol hace que viva en una realidad paralela. El caso es que cuando ya me estaba aburriendo mortalmente se acerca nuestro morenazo y nos pregunta que si se puede sentar con nosotras un rato. Había acabado el turno y le apetecía hablar con alguien, porque al parecer está un poco solo. Resulta que está aquí estudiando no sé que carrera, y que como es nuevo en la ciudad pues que no tiene a nadie con quien charlar. Se llama Daniel, y mejor no le describo porque me pongo mala. Estuve todo el rato navegando en sus ojazos negros, sin saber muy bien que estaba diciendo, y asintiendo como una tonta. Sólo desperté cuando dijo que se iba a casa, y entonces me dió un arrebato y le pedí el móvil. Raquel se quedó pasmada, y en realidad yo también, porque era la primera vez que hacía algo así.
Una vez se fue y me plantó sus dos besos en mi cara me senté en el sillón como un yunque tirado por una ventana. Entonces Raquel me dice:
- Me darás el telefono ¿verdad?
- Y una mierda guapa, haberselo pedido tú.
- Eres una zorra…
Y no pude contestar a eso, porque mi sonrisa no me permitía decir palabras malsonantes. Creo que Raquel se mosqueó, porque cuando desperté ya no estaba en frente mio.
En fin, que hoy llego contenta a casa y casi sin pensar en Andrés (¡¡mierda!!).
[...]
Me dicen...