Ya por fin hemos salido.
Hace dos o tres semanas salimos Mariana y yo a ver que se cocía y la verdad es que no estuvo muy para allá. Entonces resonó en nuestras cabezas el apodo que tiene la ciudad: Ñoñostia.
El caso es que ayer, después de la banda, nos fuimos de botellón a la Concha. Como la otra vez, pero ayer nos juntamos muchísimos musikenos dispuestos a darlo todo, en lo que sería la inauguración del curso botellonero.
Los botellones en la Concha son impagables. Yo acostumbrado al secano de Alcorcón, de repente poder beber en la arena, poder mear en la orilla, con el rumor de las olas como melodía, no tiene precio.
Como los de primero “no nos integramos” pues no conocíamos a mucha gente, y hay que ver con la cantidad de gente que hablé ayer. Gente que me decía que no les sonaba mi cara. Claro, cómo les iba a sonar…
Después del botellón fuimos a un local que se llama ZM. Parece que es mítico entre los del conservatorio, porque debe de ser el único que cierra más tarde de las 3. El sitio es pequeño y está abarrotado. Además hay que pagar para entrar. Pero está en la misma playa de Zurriola, lo que me recordó mucho a las típicas fiestas californianas de series de televisión como O.C.

Yo, como soy un bailongo nato, pues en el ZM me lo pasé de puta madre. Allí ya si que fue subrealista. Compartimos cosas inimaginables con gentes que no conocíamos de nada. Compartimos bailes, risas, alcohol, abrazos (¿verdad Sofi?) y besos (¿verdad JD?).
Ya cuando cerraron el sitio, Mariana y yo nos recogimos, aunque cuando llegamos a casa nos quedamos comentando la jugada hasta las 7 de la mañana. Todo esto ha hecho que haya faltado a mi primera clase como musikeno. Pero bueno ha sido una optativa. Ya me inventaré alguna excusa.
Hoy también hay ensayo de banda. Hoy también hay botellón, y espero que también haya baile. Parece que al final Ñoñostia no lo va a ser tanto.
Lo único que me falta es hacer fotos. El día que me acuerde os prometo que las publico.













El caso es que todos sabéis ya nuestras gestiones para organizar un intercambio cultural entre músicos y bailarinas. Pues bien, ya os podéis imaginar como sigue el resto. Tantas ganas que tenían las bailarinas en conocernos, y al final hablado con ellas, uno se da cuenta que todo es de boquilla. Yo sé lo que piensan ellas. Ellas quieren hacernos ver que no es tan fácil salir con ellas, que son unas mujeres del s.XXI, y que quieren demostrarnos lo que nos aburriríamos sin ellas.
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Si hubiéramos sido un retiro espiritual de católicos, habríamos batido todos los records, y todas las papeletas para ir al infierno de cabeza.

















Me dicen...